miércoles, febrero 4

Descubren en Suecia una misteriosa tumba de hace 5.000 años de un perro con una daga de hueso

Los arqueólogos han encontrado en el fondo de un antiguo lado una tumba intacta de la Edad de Piedra que deja muchas incógnitas por responder.

En una remota zona pantanosa del sur de Suecia, hace miles de años se extendía un gran lago lleno de vida. Sus aguas eran ricas en peces y sus orillas y eran frecuentadas por comunidades neolíticas que dependían de la caza y la pesca para sobrevivir. Sin embargo, este lugar también fue escenario de un posible ritual prehistórico que ha permanecido oculto bajo el barro durante cinco milenios.

Ahora, un equipo de arqueólogos del proyecto Ostlänken, en colaboración con el Museo Histórico Sueco (Statens historiska museer), han extraído del fondo del lago el esqueleto completo de un perro enterrado junto a una daga de hueso finamente pulida; todo ello depositado intencionadamente en el lago que se encuentra a unos 35 kilómetros al suroeste de Estocolmo. ¿Qué significado podría tener este acto? ¿Un ritual funerario, quizá?

Conexión de perros y humanos

El perro hallado en la tumba no era un animal cualquiera. Según Linus Hagberg, arqueólogo y director del proyecto, se trataba de un ejemplar macho, grande y fuerte, de entre 3 y 6 años de edad y unos 52 centímetros de altura. Su esqueleto estaba sorprendentemente bien conservado gracias a las condiciones anaeróbicas del terreno pantanoso, que impidieron la descomposición de los restos óseos y orgánicos.

Pero lo más impactante no es solo su conservación, sino el contexto del hallazgo. El perro fue depositado intencionadamente en una bolsa de piel o algún tipo de contenedor similar, lastrado con piedras y hundido hasta 1,5 metros de profundidad, a unos 30 o 40 metros de la antigua orilla del lago. Junto a sus patas delanteras se encontró una daga de hueso de 25 centímetros, elaborada a partir de hueso de alce o ciervo rojo, apuntan los expertos, perfectamente pulida y con una forma que recuerda a las de las armas ceremoniales.

¿Un sacrificio ritual?

“Encontrar un perro intacto de este período es muy inusual, pero el hecho de que también fuera enterrado junto con una daga de hueso es casi único”, aclaró Hagberg en un comunicado de prensa. De hecho, en el norte de Europa existen otros ejemplos de cráneos caninos depositados cerca de instalaciones pesqueras, pero nunca se había documentado una tumba completa con un arma simbólica tan claramente asociada.

Para los arqueólogos es una señal indudable de que no se trataba de un simple entierro accidental, sino que todo indica un posible ritual. En muchas culturas prehistóricas, los lagos, ciénagas y humedales eran considerados lugares de transición, como si se encontraran entre dos realidades; un espacio entre mundos donde se realizaban ofrendas a espíritus o divinidades relacionados con la naturaleza, la fertilidad o la muerte.

¿Qué representa la daga?

La daga hallada junto al perro no parece haber sido una herramienta ordinaria. Su pulido y su estado de conservación sugieren que tenía un valor especial. Según los expertos, este tipo de objetos están “cargados simbólicamente”, y el hecho de haber enterrado este artefacto junto a los restos del can podría indicar que el perro tenía un estatus especial dentro del grupo de humanos. Puede que un guía espiritual o un fiel perro guardián.

Un yacimiento extraordinario

El hallazgo se produjo durante excavaciones previas a la construcción de una nueva línea ferroviaria de alta velocidad, la Ostlänken. Los trabajos arqueológicos abarcaron una superficie de más de 2.500 metros cuadrados y se realizaron en condiciones un tanto complejas, ya que el terreno estaba saturado de agua.

Además del perro y la daga, los arqueólogos descubrieron otros elementos situados en una cronología del 3.300-2600 a.C. que confirman la intensa actividad humana en la zona durante el Neolítico: postes de madera trabajados (quizá cimientos de un muelle), trampas de pesca trenzadas, piedras colocadas estratégicamente como anclas o contrapesos, e incluso huellas de pisadas preservadas en el barro.

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Arkeologerna, SHM

Por el momento, los restos del perro y la daga han sido trasladados a laboratorios especializados para su análisis y conservación donde se llevarán a cabo estudios de datación por carbono-14, análisis isotópicos y genéticos para determinar, entre otras cosas, la dieta del animal, su procedencia geográfica, su raza y su relación genética con otros canes antiguos y modernos.

Por ejemplo, podemos ver cuándo vivió el perro, su edad y qué comía. La historia de vida del perro, a su vez, puede revelarnos más sobre cómo vivían y comían sus dueños”, concluye Hadberg. No hay duda de que el animal tenía una conexión relevante en la comunidad humana y su papel iba más allá de lo funcional (caza, protección…), una idea que reafirma el papel de los perros ya en las sociedades del Neolítico.