Coincidiendo con el festejo del Año Nuevo Chino, analizamos junto a Rovetta cómo Asia está ampliando su influencia cultural y exploramos cuál es el lugar que ocupa hoy Occidente en ese proceso.
El Año Nuevo Chino ha dejado de ser una celebración limitada a las comunidades de la diáspora para convertirse en una cita multitudinaria en ciudades como Barcelona, Madrid o París. Desfiles, farolillos y danzas del dragón ocupan el espacio público y reflejan una presencia cultural cada vez más visible. La llamada Fiesta de la Primavera —que también se celebra en Corea, Vietnam o Mongolia— se ha integrado en el calendario festivo de muchas capitales occidentales, a menudo en fechas próximas al carnaval y con la misma referencia lunar.
Este auge se enmarca en un interés creciente por las culturas asiáticas en el cine, la literatura, la gastronomía o la tecnología. Y en ese contexto, Historia National Geographic conversa con Pablo V. Rovetta (Montevideo, 1958), experto en China con medio siglo de relación con el país, antiguo corresponsal de la Agencia EFE en Pekín y autor de ‘Los años setenta en China: Recuerdos de un Oriental en Oriente’ (2021).
A partir de la celebración del Año Nuevo Chino, Rovetta reflexiona sobre la proyección cultural de Asia, el posible desplazamiento del centro simbólico global y el papel actual de Occidente.
Pregunta: La creciente celebración del Año Nuevo Chino en ciudades occidentales, ¿responde al peso demográfico de China o a una nueva centralidad cultural asiática?
Respuesta: No creo que tenga que ver con el peso demográfico. China ya no es el país más poblado del mundo; lo es India, y sin embargo no tiene esa influencia cultural. Tampoco Indonesia, que es uno de los países más poblados. El peso económico influye, pero más que eso hablamos de la posición actual de China en el mundo: no solo como segunda economía, sino en sectores que afectan directamente a la vida cotidiana, como la inteligencia artificial o el automóvil eléctrico.
Además, la China de hace 50 años no es la de hoy. Ha crecido la comunidad china en Occidente y el Año Nuevo es una fiesta muy abierta, en la que puede participar la población local. Ahora bien, hablar de una nueva centralidad cultural asiática me parece prematuro. Estamos ante un proceso, pero todavía lejos de eso.
P: ¿Puede esa cosmovisión —más vinculada a la familia, al calendario agrícola y a una visión cíclica del tiempo— transformar el individualismo occidental?
R: Sinceramente, no veo que esa influencia esté ganando legitimidad internacional en ese sentido. Cuando en España o en otros países se vive el Año Nuevo Chino, se vive casi como un carnaval. Es una fiesta abierta y participativa, pero eso no implica una adopción profunda de esos valores. Otras culturas asiáticas son mucho más cerradas en sus celebraciones. Aquí lo que hay es, sobre todo, una experiencia festiva compartida.
P: El auge del cine coreano, el anime japonés, la literatura asiática o plataformas como TikTok, ¿responden a una moda estética o a un desplazamiento real del centro simbólico del mundo?
R: Estamos ante una diversificación cultural, sin duda. Hace 50 años el mundo cultural era, básicamente, Hollywood y la música pop estadounidense. Hoy hay una oferta mucho más amplia, impulsada también por las migraciones y por un mundo más multipolar. Pero eso no significa que el centro simbólico se haya desplazado. Se están dando los primeros pasos.
Hay más cine coreano en las plataformas, más literatura traducida, más restaurantes asiáticos —desde el sushi al ramen—, y hasta marcas occidentales que lanzan sus versiones de fideos asiáticos. Sin embargo, ese interés puede ser también una moda. Lo económico y lo cultural se retroalimentan: cuando el 10% de los coches vendidos en España son chinos, la percepción cambia. China deja de ser “la tienda de todo a cien” para asociarse al desarrollo. Pero aún no hablaría de un desplazamiento pleno del centro simbólico.
P: ¿Está Occidente preparado para dejar de ser el referente normativo universal?
R: No es que no esté preparado; es que no quiere estarlo. Occidente (Europa y Estados Unidos) está dejando de ser un referente cultural mundial. Mientras tanto, en muchos aspectos de modernidad y progreso, Asia —China, Japón, Corea— va por delante. El futuro ya está aquí y, en gran medida, está en China: pagos digitales cotidianos, trenes de alta velocidad, taxis sin conductor, tecnologías que en Europa aún parecen novedosas. Eso no significa idealizar, pero sí reconocer que el referente exclusivo ya no es occidental. Las empresas que triunfan son las que están preparadas para ese cambio.