jueves, febrero 12

Bárbara Barreiro, historiadora, sobre Bad Bunny en la Super Bowl: “El español funciona hoy como resistencia frente al nuevo colono, el estadounidense”


Desentrañamos las claves históricas del espectáculo del descanso de la Super Bowl 60, de la mano de una especialista en cultura visual.

El espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl LX convirtió el estadio en algo más que un escenario musical. Durante quince minutos, Bad Bunny desplegó una narrativa visual y sonora que recorrió la historia, las tensiones coloniales y los desafíos contemporáneos de Puerto Rico. Entre platanales, banderas, ritmos afrocaribeños y referencias a la migración o la gentrificación, el artista utilizó el mayor escaparate de la cultura pop estadounidense para situar la identidad boricua en el centro del relato global.

Para comprender el alcance simbólico de esta propuesta conversamos con Bárbara Barreiro, historiadora del arte y especialista en cultura visual, identidades y estudios latinoamericanos. Profesora en la Universidad de Aberdeen, su investigación analiza cómo la cultura popular construye memoria y comunidad. A partir de esa mirada, en Historia National Geographic desentrañamos las claves históricas y políticas que atraviesan la actuación.

Pregunta: El espectáculo estuvo atravesado por símbolos que remiten a la historia colonial de Puerto Rico, como las plantaciones de caña y plátano. ¿Qué relevancia histórica tiene esta escenografía?

Respuesta: Desde que se anunció su participación, estaba claro que en el espectáculo iba a hacer una representación explícita de la identidad puertorriqueña. El uso del paisaje de plantación marca desde el inicio que estamos hablando de otra realidad, diferente a la que normalmente se asocia a este tipo de espectáculos en Estados Unidos. 

Al día siguiente, muchas personas reconocían en redes sociales que no tenían ni idea de la historia de Puerto Rico ni de su situación colonial actual. Y en ese sentido, el show funcionó también como una forma de educar y de despertar el interés por conocer una historia que no siempre se explica.

P: Puerto Rico fue colonia española durante siglos y hoy es un Estado Libre Asociado a Estados Unidos. ¿Cómo se explica que el español funcione como elemento de resistencia frente al poder estadounidense?

R: Es una cuestión compleja. Yo soy muy crítica con el pasado colonial español en Latinoamérica y no lo idealizo en absoluto. Pero, tras cuatro siglos de colonización española, mucho del lenguaje indígena de la isla se perdió, lo que dificulta su recuperación.

Cuando España cede Puerto Rico a Estados Unidos, desde el primer momento se intenta imponer el inglés y hubo muchísimo rechazo. En ese contexto, el español funciona hoy como resistencia frente al nuevo colono, el estadounidense. Aunque también, por supuesto, el lenguaje evoluciona y se mezcla, y eso forma parte de su riqueza.

P: En el espectáculo convivieron bomba, plena, reguetón, salsa… ¿Qué nos dice esa mezcla sobre la historia cultural de Puerto Rico?

R: Habla de la historia y de la diversidad cultural de la isla. La música puertorriqueña no es estática, es el resultado de distintas capas históricas que han dialogado entre sí. La bomba, por ejemplo, está vinculada a territorios marcados por la llegada de poblaciones africanas esclavizadas. La plena, por su parte, tiene una función social y está asociada a la tradición oral. El reguetón, que muchas veces se rechaza desde posturas clasistas o coloniales, también surge de las mezclas afrocaribeñas que tuvieron lugar en Panamá.

Esa convivencia entre tradición, historia y modernidad configura una identidad que no renuncia al pasado. Es una forma de resistencia porque no quiere ser supeditada a ningún otro género y celebra su propia genealogía. Y eso es algo que Bad Bunny ha reivindicado siempre, incluso antes de DeBí TIRaR MáS FOTos (2025): su objetivo siempre ha sido llevar su bandera por todo el mundo para que la gente sepa dónde está Puerto Rico, qué pasa allí y cuál es su historia.

P: El espectáculo ha llegado, además, en un contexto sociopolítico muy concreto a nivel nacional. ¿Existen precedentes históricos en los que la cultura popular haya influido en procesos políticos o sociales?

R: Un ejemplo claro es la Revolución Naranja en Ucrania, entre 2003 y 2004. Fue un momento muy convulso y tuvo un gran componente cultural, con conciertos que desempeñaron un papel importante en la movilización.

Al año siguiente, en 2005, los representantes de Ucrania en Eurovisión estaban vinculados musicalmente a ese contexto político. Son ejemplos de cómo la cultura popular puede tener un impacto en situaciones históricas concretas.

P: Como historiadora de la cultura visual, ¿qué papel desempeña la cultura popular en la construcción y preservación de la memoria histórica?

R: La cultura popular mueve más que un cuadro en un museo. No todo el mundo va a la ópera o visita exposiciones, pero sí encendemos la televisión todos los días o consumimos medios digitales. 

Por eso, creo que la cultura popular es la que realmente cuenta la historia de un país: nos da las herramientas para descodificar símbolos y entender nuestra identidad. Y, en este caso, ha permitido que millones de personas se pregunten por la historia y la situación de Puerto Rico.