viernes, febrero 6

Así llevó el picante del Nuevo Mundo el Imperio español al resto del planeta


Entre los alimentos y plantas que se propagaron por el mundo gracias a España se encuentran los chiles, uno de los ingredientes que ayudó a cambiar los sabores al mundo.

Hay protagonistas históricos tan pequeños como poderosos. Uno de ellos es el humilde chile (Capsicum) cuyo viaje desde las antiguas civilizaciones mesoamericanas hasta los balcones de Italia, los fogones de la India, las sopas tailandesas y las salsas africanas no sólo fue histórico, sino revolucionario. Y, curiosamente, este despliegue por el globo fue posibilitado gracias al Imperio español.

Un fruto ardiente con miles de años de historia

Los chiles no nacieron en Asia ni en África. Su verdadero origen se remonta a hace entre 6.000 y 10.000 años en la región de Mesoamérica, especialmente en lo que hoy es México y Centroamérica. Un equipo de arqueólogos encontraron evidencias de sus usos culinarios, rituales y medicinales entre los aztecas, mayas e incas, culturas que veneraban el chile como un tesoro, pero no solo culinario, sino también como moneda, como medicina y como símbolo espiritual.

Las primeras especies domesticadas, como el Capsicum annuum, se usaban para condimentar guisos, potenciar bebidas como el xocolatl (una mezcla de cacao y chile que los aztecas adoraban), y hasta para combatir a los espíritus malignos. El chile era tan transversal en la vida precolombina que era habitual verlo en rituales de iniciación y juicios sociales, e incluso se le atribuían propiedades alucinógenas y místicas. ¿Y, cómo llega a Europa y al resto del mundo?

El día que Colón probó un chile (y creyó que era pimienta)

Aquí es donde entra en acción España. En 1492, el navegante Cristóbal Colón llega al Caribe en busca de las codiciadas especias asiáticas, entre ellas la pimienta negra (Piper nigrum), entonces considerada ‘oro negro’. Sin embargo, en vez de encontrar su famosa pimienta, se topó con unos frutos rojos y ardientes que los pueblos taínos llamaban ají. Por su sabor punzante, Colón los bautizó como ‘pimientos’ (pimientos de las Indias), provocando uno de los mayores malentendidos botánicos de la historia.

Fue precisamente Colón quien llevó las semillas de estos ‘pimientos de las Indias’ a España en su segundo viaje (1493), y fue el médico de la expedición, Diego Álvarez Chanca, quien documentó por primera vez sus usos medicinales y culinarios. Los primeros cultivos se realizaron en monasterios extremeños, como el de Guadalupe. Irónicamente, las élites europeas despreciaron el chile por ser demasiado fuerte y demasiado fácil de cultivar, alejándose de ese concepto de lujo asociado a los productos de lugares remotos.

De los monasterios a los mercados populares

Si bien fue rechazado por los nobles por los motivos antes mencionados, al pueblo le enamoró. Gracias a su facilidad de adaptación a climas cálidos y su producción barata, el chile se convirtió en una ‘especia de los pobres’, increíblemente popular. Desde los conventos españoles, Capsicumcomenzó una carrera imparable por el sur del continente.

Y así fue. En menos de un siglo, ya estaba presente en las cocinas portuguesas, italianas y húngaras. En Hungría, la introducción del chile en forma de paprika cambiaría para siempre su gastronomía, convirtiéndose en el ingrediente estrella de platos como el goulash. Y en Italia, dio vida al ahora clásico spaghetti aglio, olio e peperoncino.

El gran agente del picante mundial: el Imperio portugués

Aunque España fue quien lo encontró, en honor a la verdad fue el Imperio portugués quien lo esparció masivamente por todo el planeta. Vasco da Gama llegó a la India en 1498, cruzando por el Cabo de Buena Esperanza y estableciendo colonias comerciales en Goa y Calicut. Allí introdujo el chile americano, que fue recibido con entusiasmo por las cocinas indias, ya acostumbradas a sabores intensos como el jengibre y la pimienta negra.

Y de la India pasó rápidamente a Tailandia, Indonesia, Corea, China y Japón, gracias al comercio luso-asiático y a las redes árabes y otomanas. En Japón, llegó en 1542 con misioneros portugueses; y en Corea, se cree que entró en la península hacia el siglo XVII. Y también llegó a África en los barcos de esclavos a las colonias africanas de ambos imperios, como Angola, Mozambique o Guinea. Allí, se integraron con fuerza a la dieta local que ya incluía tubérculos como el mijo, aportando sabor y también propiedades digestivas y antisépticas. Hoy, casi todo el mundo consume chile.