miércoles, febrero 4

Isabel Barreto, la primera almirante de la Armada española


La pionera mujer que surcó el Pacífico, lideró una expedición en tiempos de conquista y desafió el poder en un mundo dominado por los hombres.

En pleno siglo XVI, cuando los océanos eran aún territorios indómitos y las grandes exploraciones eran lideradas mayoritariamente por hombres, una mujer rompió todas las normas establecidas y se convirtió en leyenda. Se trata de Isabel Barreto de Castro (1567–1612) que acabó convertida en la primera mujer almirante de la Armada española en una vida marcada por la valentía, el liderazgo y la determinación, que le condujeron a comandar una de las travesías más largas y complejas de la historia naval del Imperio español.

¿Un origen envuelto en misterio?

Isabel Barreto nació en 1567, y aunque hay fuentes que apuntan a que su cuna fue la ciudad gallega de Pontevedra, la mayoría de los historiadores ubican su nacimiento en la capital del virreinato del Perú, Lima. Creció en un entorno privilegiado ya que nació en una familia acomodada de comerciantes, Nuño Rodríguez de Barreto y Mariana de Castro. Su educación y su entorno la expusieron desde temprana edad al mundo del comercio, la navegación y los relatos de conquista que impregnaban el ambiente colonial, por lo que no es de extrañar lo que ocurriría posteriormente en su vida.

En 1585, se casó en Lima con el navegante Álvaro de Mendaña y Neira, adelantado del mar del Sur y descubridor de las islas Salomón y las islas Marquesas. Este matrimonio representó el inicio de una aventura que llevaría a Isabel a cruzar el océano Pacífico, descubrir nuevas tierras y asumir un rol jamás ocupado por una mujer en la historia naval de España.

La expedición a las islas del tesoro

Movidos por la ambición de encontrar las míticas riquezas de Ofir -la tierra mencionada en la Biblia de donde el rey Salomón habría obtenido oro para su templo, por lo que se suponía que en ese tesoro había oro, plata, piedras preciosa, sándalo…-, Mendaña e Isabel organizaron una nueva expedición. Barreto aportó su dote, cerca de 40.000 ducados, para financiar la travesía.

El 9 de abril de 1595, desde el puerto del Callao en Lima, partían cuatro navíos con más de 400 personas a bordo, incluyendo 98 mujeres. Su objetivo era encontrar las islas Salomón y colonizarlas.

Durante meses, la expedición navegó por aguas desconocidas. El hambre, la sed, las enfermedades y la incertidumbre fueron constantes. Finalmente, avistaron tierra el 21 de julio, pero no eran las islas que buscaban; habían llegado a un archipiélago desconocido que Mendaña bautizó como las islas Marquesas, en honor al virrey del Perú.

La tragedia en Santa Cruz

En septiembre de ese mismo año, tras la pérdida de uno de los barcos y con la moral de la tripulación por los suelos, la flota llegó a una isla del archipiélago de las Salomón, a la que llamaron Santa Cruz. Allí, Mendaña intentó fundar un asentamiento, pero la situación se tornó crítica.

Entre enfrentamientos con los nativos, motines internos y una epidemia (malaria posiblemente), la expedición sufrió un duro golpe en el que murieron 47 personas, entre ellas el propio Mendaña. Antes de fallecer, nombró a su esposa Isabel como heredera universal, gobernadora de las islas y adelantada del mar del Sur. A partir de ese momento, Isabel Barreto quedó al mando absoluto de la expedición.

La primera mujer almirante

Convertida en la primera mujer en ostentar el título de almirante en la historia de la Armada española, Isabel asumió el liderazgo con talante autoritario, indómito y despótico, según el cuaderno de bitácora escrito por el navegante Pedro Fernández de Quirós, pero muchos historiadores, como Juan Francisco Maura, cuestionan esta imagen, señalando que Quirós tenía ambiciones propias y pudo haber distorsionado los hechos para desprestigiarla.

Lejos del dibujo de mujer cruel y dictatorial, Isabel Barreto demostró temple, estrategia y firmeza. Impuso disciplina, contuvo motines y logró conducir a su tripulación (a lo que quedaba de ella), hasta Manildespués de recorrer más de 20.000 kilómetros, la mayor distancia jamás cubierta por naves españolas en el siglo XVI.

En Filipinas, Isabel fue recibida como heroína. Tres meses después de su llegada, contrajo matrimonio con Fernando de Castro, caballero de la Orden de Santiago y juntos emprendieron una nueva expedición rumbo a Acapulco. En México, Isabel fue encomendera de Guanaco, mientras su nuevo marido aspiraba a ser gobernador de Filipinas. Pero no todo fue gloria. El rey Felipe III revocó los derechos de Isabel sobre las islas Salomón, otorgándoselos a Quirós. Ella pleiteó ante la Corte española, pero no logró recuperar sus privilegios.

Años después, la pareja se estableció en Castrovirreyna, en el actual Perú, donde Fernando fue nombrado gobernador. Allí, en 1612, Isabel Barreto murió a los 45 años, dejando una fortuna considerable y un testamento que incluía joyas, esclavos y un encargo de 2.000 misas en su nombre. Pese a ser una historia relegada durante muchos siglos, sin duda fue una exploradora pionera, símbolo de una época en la que las mujeres apenas tenían voz y cuyo coraje le llevó a desafiar las normas sociales de su tiempo.