El último hallazgo arqueológico en Jordania muestra su devastador impacto hace 1.500 años. La responsable, ‘Yersinia pestis’, culpable de otras pandemias posteriores. Esta fue la primera pandemia de la historia.
La plaga de Justiniano fue una devastadora epidemia que arrasó el Mediterráneo oriental en el siglo VI (y varios siglos después), algo que de lo que los historiadores tenían constancia basándose solo en textos antiguos. Cronistas bizantinos como Procopio de Cesarea la describieron como “una enfermedad que no dejaba a nadie indemne“. Sin embargo, hasta hace poco, la evidencia científica directa de esa pandemia era escasa.
Todo ha cambiado gracias a un descubrimiento excepcional en la ciudad romana de Jerash, en el actual norte de Jordania y apodada la “Pompeya de Oriente”.Bajo las ruinas de su antiguo hipódromo, un equipo internacional de científicos ha identificado una fosa común que contiene los primeros restos humanos confirmados genéticamente como víctimas de la plaga de Justiniano. El hallazgo, publicado en la revista Journal of Archaeological Science, no solo resuelve un antiguo misterio, sino que también aporta datos inéditos de la primera pandemia documentada de la historia.
El contexto de una pandemia
La terrible epidemia de peste se desató por primera vez en el año 541 d.C. y se extendió rápidamente por todo el Imperio bizantino, desde Egipto hasta Constantinopla. Fue tan devastadora que se estima que causó entre 30 y 100 millones de muertes a lo largo de dos siglos, en oleadas sucesivas. Esta pandemia, considerada la primera registrada de forma sistemática, fue provocada por la bacteria Yersinia pestis, la misma bacteria responsable de la peste negra que azotó Europa en el siglo XIV, aunque esta conexión solo se confirmó recientemente mediante análisis de ADN antiguo.
El estudio liderado por Rays H.Y. Jiang, de la Universidad del Sur de Florida (Estados Unidos), ha sido clave para arrojar luz sobre cómo este patógeno afectó directamente a la población de Jerash en el siglo VI. El equipo multidisciplinar, compuesto por genetistas, antropólogos, arqueólogos e historiadores, logró extraer ADN de los dientes de ocho individuos enterrados en la fosa común. Todos ellos mostraban rastros idénticos de Y. pestis, lo que confirma que murieron a causa de la plaga, la más devastadora en cuanto a vidas humanas se refiere, ya que diezmó la población europea.
Destapando la fosa común
El lugar del hallazgo no es casual. Jerash era una ciudad próspera del Imperio romano de Oriente, con templos, foros, teatros y un gran hipódromo que servía de centro de entretenimiento; pero, en pleno siglo VI, ese espacio de ocio se convirtió en un improvisado cementerio masivo.
Los investigadores encontraron cientos de esqueletos apilados unos sobre otros, sin señales de rituales funerarios, ataúdes ni organización. Se infiere claramente que los cuerpos fueron depositados de forma rápida y masiva, lo que provocó el colapso de la ciudad ante la magnitud del desastre.
La fosa (con más de 200 cuerpos) revela un dato crucial, que no todos los fallecidos eran residentes locales. Gracias a los estudios isotópicos y genéticos, el equipo descubrió que muchos procedían de regiones lejanas; esto sugiere que Jerash era un punto de encuentro de poblaciones móviles como comerciantes, peregrinos o soldados que, durante la crisis, quedaron atrapados en la ciudad y perecieron juntos.
Los investigadores quisieron ir más lejos en su estudio y entender el impacto humano de la enfermedad: quiénes murieron, cómo vivían estas personas del pasado y qué nos dice esto sobre la estructura social de la época. “Las pandemias no son solo eventos biológicos, sino también eventos sociales, y este estudio muestra cómo la enfermedad se relaciona con la vida cotidiana, el movimiento y la vulnerabilidad. Dado que las pandemias revelan quién es vulnerable y por qué, esos patrones aún determinan cómo las enfermedades afectan a las sociedades actuales”, explica Jiang.
Un precedente para futuras pandemias
Para los expertos, queda claro que el hecho de reutilizar espacios públicos (como el hipódromo) como cementerios improvisados, el colapso del sistema funerario y la composición diversa de los allí sepultados, reflejan una sociedad desbordada, donde ni siquiera las estructuras institucionales pudieron contener la emergencia sanitaria.
El estudio de la plaga de Justiniano permite entender cómo se desarrollan las pandemias, cómo se propagan y cómo afectan a las sociedades humanas y, tras pasar por la pandemia de COVID-19, es algo que la humanidad debe tener en cuenta más que nunca. La comparación entre esta antigua pandemia y las actuales es inevitable. Si bien la bacteria Yersinia pestis sigue viva hoy día, su impacto es menor gracias a los antibióticos y las medidas de salud pública, pero se siguen registrando casos en regiones como Madagascar, la República Democrática del Congo o China.