Un estudio revela parentesco sorprendente en la familia de una chamana siberiana de hace 250 años.
Los restos momificados de una chamana siberiana han sido encontrados en la República de Yakutia, en el noreste de Rusia. El cuerpo ha sido sometido a exhaustivos estudios, que han dado información sobre la vida y cultura de los yakutos indígenas, una población que sigue suscitando mucha curiosidad en los investigadores.
Entre más de cien individuos datados entre los siglos XIV y XIX, los científicos identificaron a una mujer nombrada como una de las últimas chamanas yakutas conocidas, y cuyo ADN ha arrojado una sorpresa sobre su ascendencia familiar.
El equipo de arqueólogos recuperó los restos de estos individuos, que se conservaron de forma natural en el frío extremo de la región, y analizaron su material genético, buscando comprender mejor la historia de los yakutos. Especialmente, su historia antes, durante y después de la conquista de rusia a partir de 1632.
Los estudios han revelado que la herencia genética de los yakutos modernos se remonta a poblaciones del siglo XII o XII, lo que concuerda con la tradición oral de este pueblo. A diferencia de otros procesos coloniales, como el sucedido en América, no se ha observado evidencia de que la conquista del territorio por Rusia provocara un reemplazo demográfico o una mezcla significativa entre poblaciones.
Sin embargo, el descubrimiento principal es el del cuerpo identificado como UsSergue1, la chamana momificada. Entre los entierros apareció la momia de una mujer de unos treinta años que vivió hace más de 250 años, enterrada en un ataúd de tronco de árbol y rodeada de varias capas de ropa. Las telas combinan elementos tradicionales con piezas importadas, como un vestido rojo de lana foránea, un gorro y calentadores de cuero hasta el muslo. Todo esto, unido a accesorios como un cinturón típico de los chamanes, demuestran el papel espiritual que pudo tener en esta población.
El contexto funerario de UsSergue1 sugiere que, a pesar de los intentos de cristianización, el chamanismo tradicional seguía presente en algunas comunidades yakutas y se practicaba de manera activa. Además, el entierro contrasta con las tumbas cercanas, lo que indica que su papel dentro de la sociedad y sus prácticas espirituales eran reconocidos.
Otro de los descubrimientos que ha impresionado al equipo científico sobre esta momia, es lo que nos cuenta el ADN: los padres de la mujeres estaban emparentados en segundo grado. No obstante, es difícil determinar cuál era con exactitud el parentesco de sus progenitores ni si esto era algo común dentro de la comunidad.
Aunque se identificaron varios entierros de chamanes en el propio yacimiento, ninguno de ellos contaba con padres relacionados de forma tan estrecha, por lo que la consanguineidad no debió ser un requisito para ser chamán.
Además del ADN, los arqueólogos han podido estudiar otros aspectos de los entierros, como la microbioma oral a través del sarro dental, para entender mejor cómo se mantuvieron las costumbres de vida y dieta de los yakutos a través de los siglos.
Esta investigación demuestra la resiliencia cultural de los yakutos y de la persistencia de sus tradiciones incluso tras la conquista rusa. A pesar de los intentos por cristianizarles, el chamanismo persistió junto con sus creencias ancestrales, mostrándonos una realidad que no pudieron arrebatarles.