martes, enero 13

Los Reyes Magos, su mítica historia a través del arte


Desde maestros anónimos medievales a genios como El Bosco, Sandro Botticelli o Diego Velázquez nos han legado siu propia versión de esta historia.

La noche del 5 de enero es una de las más esperadas por niños y niñas, que se van pronto a la cama esperando a la mañana siguiente encontrar los esperados regalos que les han traído los Reyes Magos de oriente. Estos personajes tan solo se mencionan en el Nuevo Testamento en el Evangelio de Mateo, que no menciona su nombre ni su número.

A partir de estos pocos datos, la tradición católica tejió la leyenda de estos personajes a través de textos apócrifos y mitos que inspiraron a los artistas de todas las épocas a representar su historia. Desde maestros anónimos medievales a genios como El Bosco, Sandro Botticelli o Diego Velázquez nos han legado siu propia versión de esta historia.  

Tres magos blancos

El Nuevo Testamento dice que unos magos se pararon a adorar a Jesús recién nacido y le trajeron sus presentes. Nada dice de cuantos eran ni sus nombres. Fue varios siglos más tarde que se fijaría su número definitivo en tres, seguramente por el número de presentes que portaban. Un mosaico del año 550 de la Basílica de San Apolinar el Nuevo en Ravena muestra a tres hombres portando sus presentes al niño Jesús. Encima de ellos hay escritos sus nombres, Melchor, Gaspar y Baltasar, es la primera vez que aparece la onomástica de estos anónimos personajes, que quedaría fijada para siempre. Todos ellos son blancos, ni rasatro del Baltasar negro, y están tocados por un gorro frigio, no una corona. Esto se debe a que el ningún momento el Evangelio dice que los tres personajes fueran reyes, tan solo que eran magos, o lo que es lo mismo, astrólogos (científicos de la época). El título monárquico fue un añadido posterior que velaba el paganismo de los personajes.

Cordon Press

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Reyes blancos

En el primer cuarto de siglo XIV, Giotto di Bondone ejecutó esta Adoración de los magos en la que los tres personajes ya lucen su corona real. Cada uno de ellos parece más joven que el anterior, debido a que el consenso indicaba que los magos representaban las edades del hombre, joven, adulto y anciano. Aun así, todavía no estaba generalmente aceptado que uno de ellos fuera negro y Giotto los representa a los tres con la tez blanca. Otra característica que llama la atención de esta obra es ver a la Virgen recostada en su cama como una parturienta terrenal antes de que se impusiera la visión del parto divino de Santa Brígida, fomentada por la jerarquía católica.

El Bosco

Hacia 1475, Hyeronimus Bosch realizó esta Adoración de los Magos, actualmente expuesta en el Museo Metropolitano de Nueva York. Esta obra supone un ensayo del impresionante tríptico que ejecutaría una década más tarde, expuesto actualmente en el Museo del Prado. Los tres reyes, cada uno con su corona, presentan sus dones a la Virgen y al Niño. Baltasar ya se presenta como un personaje de raza negra, atributo que había sido fijado tan solo un siglo antes. Los magos pasan a simbolizar así, los tres mundos conocidos: Europa, Asia y África. Como toda la obra de El Bosco, está plagada de simbología: Melchor, despojado de su corona, regala una escultura de oro que representa el sacrificio de Isaac por su padre Abraham, considerado una premonición del sacrificio de Jesús. El recipiente de Baltasar, por su parte, está tapado por el Ave Fénix, símbolo de resurrección.

Reyes de Florencia

A finales de siglo XV, Sandro Botticelli pintó esta Adoración de los Magos que encierra un homenaje a los Médici, la poderosa familia que regía por entonces Florencia y que actuó de gran mecenas del propio Botticeli y de la mayoría de artistas del Renacimiento: Cosme de Medici (el Viejo) está representado como el mago que se arrodilla en frente de la Virgen; su hijo Pedro es el segundo con el manto rojo; y Juan de Medici (hermano del segundo) es el tercer mago y está hablando con Pedro. El cuadro tiene una composición armoniosa en la que María y su hijo dividen la escena en dos grupos equivalentes de personas a izquierda y derecha. El ruinoso templo antiguo simboliza la humildad desde la que el Hijo de Dios edificará su gran reino. Entre otros personajes importantes de su época, Sandro Bottticelli se autorretrató a la derecha, mirando al espectador.

Adoración suntuosa

En 1573, El Veronés hizo esta elaborada visita de los tres ilustres magos al portal de Belén, adosado a las ruinas de un gran edificio clásico, con un arco de triunfo al fondo. Ángeles aparecen en el cielo, a lo largo del rayo de luz que cae sobre Cristo. Fue pintado para el muro junto al altar de la cofradía de San José de la iglesia de San Silvestre de Venecia. El Veronés pintó los trajes elaborados y teatrales de los tres reyes reflejando la vestimenta de la élite veneciana contemporánea, aunque los ropajes de la pintura serían incluso más extravagantes de los que se usarían en realidad. El grandioso escenario arquitectónico en un templo clásico en ruinas también es típico de Veronés, de quien se dice se inspiraría en las representaciones teatrales. Este escenario muestra la habilidad del artista y sirve como recordatorio de la leyenda medieval según la cual la noche del nacimiento de Cristo, la Basílica de Majencio en Roma, que supuestamente albergaba una estatua de Rómulo, se derrumbó.

Adoración familiar

Muy diferente es esta Adoración que Diego Velázquez realizó cuando contaba apenas con 20 años. La minimalista escena, encuadrada en una penumbra que aumenta la intimidad de la imagen, tiene como protagonistas a los miembros de su propia familia. La Virgen sería así su esposa, con la que apenas llevaba un año casado, el Niño, es su propia hija recién nacida, el Melchor de barba blanca sería Francisco Pacheco, su suegro y maestro. Según esta identificación, el propio Velázquez será el rey Gaspar, aunque el modelo de esta figura también podría ser su hermano. Con ello, convertiría el cuadro, además de ser una imagen religiosa, en una celebración de la propia familia del pintor.