Pocas ideas son tan propias del credo estadounidense como la de la libertad de expresión.
Protegido por la Constitución del país desde su concepción, en el año de 1776, el derecho a poder pensar libremente se expresa en la primera enmienda, la cual garantiza que en el territorio se proteja la libertad de expresión y de prensa, la libertad de convicción religiosa, la de asociarse pacíficamente y la de manifestarse ante el gobierno cuando existan inconformidades.
Sin embargo, al revisar la historia de lo que ha ocurrido en estos casi 250 años de historia desde que se redactaron la Constitución estadounidense y sus primeras 10 enmiendas -conocidas en conjunto como la “Carta de Derechos”- es fácil encontrar que, más allá de ser un derecho garantizado, la libertad de expresión ha permanecido bajo un constante estado de amenaza latente y que, en muchas ocasiones, se le ha coartado a personas que mantienen posiciones distintas a las de la mayoría.
Para su último libro, el periodista estadounidense Clay Risen se dedicó a examinar una época en particular de la historia estadounidense en la que la libertad de expresión se vio atacada frontalmente: el periodo de persecución “anti-comunista” -liderado por el Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso que presidió el republicano Joseph McCarthy- que tuvo lugar en EE.UU. entre los años 40 y 50, y se vino a conocer como el Temor rojo.
“La Primera Enmienda en EE.UU. protege tanto la libertad de expresión como la libertad de asociación; y, en teoría, tú puedes criticar abiertamente al país o incluso odiar su política y seguir siendo protegido legalmente”, le dice a BBC Mundo Risen, autor del libro “Red Scare: blacklists, McCarthyism and the making of modern America” (Temor Rojo: listas negras, Macartismo y la creación del EE.UU. actual).